La armadura

por | Feb 24, 2020 | gestalteando | 0 Comentarios

Te soy sincera, hoy me he despertado con tristeza en el corazón. 

Y te lo digo para normalizar estos cambios de humor. 

Tanto en mi misma como en ti. Quizás tu también tengas inexplicables cambios de humor. 

Te podría decir que es el coronavirus que ha llegado a las puertas de la ciudad donde viven mi tía Patrizia, una de las personas que mas me importan en este mundo, y mis amigas. 

Pero esta pena en el corazón ya estaba antes de despertarme y ver el desarrollo de la situación. 

Podría decirte que que es el proceso de desintoxicación que estoy enfrentando, ojalá sea el ultimo. 

Da igual de donde viene esta tristeza, el hecho es que ya está aquí. 

¿Que hago con ella? 

Lo más común es taparla, ignorarla, hacer como que no está y que no es importante. 

Sin embargo hoy quiero darle un lugar en mi, respetarla y darle espacio. 

Hace parte de mi realidad, puedo vivir con ella.

¿De verdad puedo vivir con ella?

¡Uff! no se yo. 

No es muy placentero, me resulta incomoda. 

Conecto con fragilidad, debilidad, impotencia. Una cascada de emociones que acostumbro evitar.

En lugar de estar con mi corazón me voy al pensamiento: 

¿De donde viene? 

¿Que puedo hacer para esquivarla?

Y me juzgo. 

¡Levanta, no seas floja!

Es increíble cómo creo hacerme un favor siendo «dura» conmigo misma. Es lo que he aprendido, es lo que me he dicho, es como me he acompañado durante las dificultades d mi vida. De alguna manera me ha funcionado, solo he tenido que renunciar a mi humanidad, a mi fragilidad, a mi suavidad. 

Por que cuando endureces tu corazón para «sobrevivir» y lo haces a menudo, tanto que ya no te das cuenta; se vuelve muy difícil poder ablandarte. 

Por lo menos esto me pasa a mi. 

La guerrera no sabe quitarse la armadura ni siquiera cuando se echa una siesta, ni siquiera cuando esta a sola en un lugar seguro. 

¿Por que?

Da igual el porque. 

¿Para que?

Para defenderse. 

¿De quien?

De todas las partes de si misma que la ponen en peligro. 

De repente la armadura ya no es una protección por los peligros que puedan venir desde fuera, si no por los peligros que se perciben dentro. 

Para que no salga nada inaceptable, inadecuado, incorrecto, vergonzoso. 

No había visto esta posibilidad. No me había percatado de que la armadura sirve para que no salga nada, no solo para que que nada del mundo externo llegue a dañarme.

Ahora entiendo la tristeza. 

Tanta separación del mundo no puede hacer otra cosa que dejarme triste. 

Y vuelvo a justificar y explicar. 

Por una parte está bien porque me permite entender y estructurar.

Por otra aleja de la emoción. 

Lo único que quiere la emoción es expresarse, es una información. 

Como una ola, nace, llega a su ápice y desaparece. 

Intervenir en el proceso es interrumpirla, bloquearla y cuando esto pasa la emoción no puede irse, no nos deja, sigue empujando en el «inconsciente» o «semi-consciente», robándonos energía y recursos. 

Si quieres aprender a dejarte ser en la «buena y en la nativa suerte», si sientes un compromiso muy fuerte contigo misma y quieres recorrer un camino sólido y experimentado, la  Terapia Gestalt  conmigo te interesa.

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