La decisión de Juanjo

por | Mar 12, 2020 | expatriados | 0 Comentarios

Ayer he tenido una sesión en la cual me he dado cuenta de cuánto me gusta y de lo bello que es mi trabajo. 

Juanjo, un joven hombre que lleva dos años fuera de España para estudiar y trabajar, me dijo que había hablado con su jefe y le había dicho que no era feliz en el extranjero, que no tenía ningún problema con el trabajo que estaba haciendo en la empresa y que sin embargo volvía a casa, no era feliz. 

Echaba de menos su Madrid, su barrio y los amigos. 

Llevamos unos meses trabajando juntos y le he visto empeñarse hasta la coronilla para conseguir tener éxito en su trabajo y rentabilizar la inversión hecha en tiempo y dinero. 

Se ha comprometido tanto con su objetivo que ha sacrificado su felicidad. 

Ahora bien, para muchos quizás sea lo más normal del mundo sacrificar la felicidad personal para un trabajo, para mí no lo es. 

Para mí es cosa de otra época. 

De la época de mis padres y abuelos que sacrificaban todo lo que fuera necesario con tal de tener una posición bien reconocida y bien pagada. Para luego llegar a la jubilación, mirar hacia atrás y darse cuenta de que la mayoría de su vida ha transcurrido bajo la tristeza cotidiana de un trabajo que no les ha hecho crecer ni desarrollar. 

Hay gente que vive así. 

«Hazte funcionaria» te dicen, para el sueldo fijo, lo que no te dicen es que también tendrás amargura fija.

Es cierto que no todos podemos permitirnos seguir nuestros sueños. 

¿Es cierto?

Yo creo que no es verdad.

Lo cierto es que podemos elegir y una vez fijado nuestro objetivo entonces caminar para llegar hasta a él, no importa cuánto tardemos.  

Lo que es cierto es que vamos a tener nuestro ritmo y está bien. Y que dentro de los márgenes que la realidad nos ofrece somos libres.

Tengo un amiga en Italia que desde que hemos acabado el instituto (hace 18 años), se ha puesto a trabajar como dependienta en un supermercado y está muy, muy contenta se siente realizada en su trabajo. Tiene sus días mejores y otros peores pero yo veo como siente que es parte de algo que la nutre además de darle dinero. 

Aquí no hay que cambiar nada. Eso es muy bueno para todos os implicados.

Hay otro cliente que trabaja en un banco y está más que amargado, amargadisimo. 

Por su tranquilidad económica, no quiere cambiar nada. Una decisión más que respetable, cambiar de profesión es complejo y comporta pagar un precio que no todos quieren pagar. Eso está bien, el trabajo que hacemos es para que lo lleve lo mejor que pueda y encuentre un sentido a su vida más allá del trabajo.

Y luego hay Juanjo que ha salido de su país para conseguir éxito laboral y, después de dos años de esfuerzos, trabajo y soledad emocional; delante de la prospectiva de «normalizar» esta situación de auto-abandono, ha decidido que su bienestar y su vida valen mucho más que un buen sueldo en una reconocida empresa. 

Le pregunté: «Cómo estás ahora?» 

Y me dijo: «Como si estuviera delante del mar de septiembre, cuando los colores ya no son tan fuertes y la gente va volviendo a su rutina. Tranquilo y satisfecho. En paz.»

Y yo me pregunté: «¿Cómo estoy?»

Lo que vi fue asombro por la belleza que veía en lo qué estaba pasando. 

Ser testigo de un ser humano que había decidido ser fuerte y compasivo consigo mismo y tomar las rienda de su vida a su favor, estaba siendo algo bellísimo y natural como una puesta de sol. 

Si quieres que te acompañe en el proceso necesario para que encuentres tu bienestar personal, las sesiones de Terapia Gestalt conmigo te interesan. 

Te abrazo.

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