Uno de los aspectos de la Terapia Gestalt que más me gusta es, sin duda, su visión de las polaridades.

Me explico.

Las polaridades no son nada nuevo bajo el cielo, provienen de la filosofía y antes, de la religión. Lo novedoso es aplicar esta visión al comportamiento humano. 

Los humanos, en general, tenemos la tendencia a identificarnos con determinadas características que acostumbran a excluir su opuesto. 

Hay divisiones muy claras y definidas, la clásica «santa/puta» quizás es la más conocida en el lenguaje común. Al menos, a mis 20 años se decía mucho que los chicos querían una chica más «puta» para salir de fiesta y pasárselo bien, mientras que la madre de sus hijos debía ser una «santa». 

Bien. 

Esta, evidentemente, es una generalización. Pero vamos a ver otro ejemplo. 

El ejemplo de una mujer de 25 años que deja su trabajo bien pagado y reconocido para seguir la pasión que le dicta su corazón. Romántico ¿verdad? 

Bien, pongamos el caso que la familia le diga: «Nunca tendrás dinero o te podrás realizar si sigues tu pasión, esto que haces son tonterías». Evito entrar en detalles porque tengo tantos ejemplos reales que me cuesta elegir uno. Desde ser profesora de yoga, a ser terapeuta, a ser escritora o técnica web… En general, cuando el sueño de una mujer se aleja del camino que su familia ha «elegido» para ella, se le «maldice» con pobreza y insatisfacción.

A menudo este escenario de desgracia se extiende a la vida personal y el ataque incluye un gratuito «nunca estarás contenta, te quedarás sola» o «siendo así no encontrarás nadie que te quiera y con quien ser feliz».

A menudo, la persona en cuestión lucha consigo misma y sacrifica su felicidad y realización para quedarse en el camino marcado, el que se percibe como «correcto». Hasta que la ansiedad, el malestar, la falta de sentido… la empujan a tomar una decisión. Entonces la mujer en cuestión (o el hombre, esto no va de género) acepta la «maldición». Es como si dijera: «Ok, acepto que no seré rica, y quizás tampoco encontraré alguien con quien compartir mi vida, pero voy a seguir mi corazón».

Acepta pagar el precio que su familia le pide, aunque realmente no haga falta. 

No está escrito que seguir el dictado de tu corazón te lleve a la pobreza o a la soledad. De hecho, es al revés. Cada día hay más ejemplos de personas muy felices y realizadas que cobran un buen sueldo y tienen una familia feliz haciendo lo que les gusta. 

Sin embargo, una alianza familiar mal entendida, mezclada con la necesidad de alejarse del rol de sumisión que ha estado interpretando, la llevan a la otra polaridad. 

«Sumisión/rebelión» es una polaridad que podemos jugar infinitamente en nuestra vida, pero como en toda polaridad, los extremos se excluyen y con ellos la posibilidad de sentirnos completas y satisfechas. 

En posición sumisa, generalmente al volver de una visita a mi familia (o de mi jefe, o de mis amigos), dejo de lado mi corazón. Cuando me rebelo y sigo mi corazón, a veces renuncio a que mi familia me mire con amor; o al éxito que conlleva caminar con la cabeza alta y la corona bien puesta. 

Lo bello de toda polaridad es lo que la Gestalt llama el «punto cero». O sea, el lugar en que puedo contemplar ambas polaridades y reconocerlas como mías, sin identificarme exclusivamente con una de ellas.

Cuando reconoces que eres ambas polaridades y las puedes soltar, liberándote, es cuando habitas el vacío fértil, un lugar de gran paz y riqueza.  

Desde ahí puedo seguir entregándome a mi familia y los que me quieren y se preocupan por mí y, al mismo tiempo, seguir mi corazón. Nadie me lo impide. De hecho, creo que dejar de lado una parte de mí, no me hace más fuerte. Solo mas pobre. 

Yo soy quien quiere ser mirada con amor por mi familia y la que quiere que crean en mí y que me deseen lo mejor del mundo; y también soy la que no quiere renunciar a seguir mi pasión para ello. Cuando trabajo para llegar al «punto cero», puedo ser una artista bien pagada y realizada. Está claro que es más fácil escribir o hablar de ello que hacerlo, por esto puedo acompañarte con las sesiones de Terapia Gestalt para que puedas encontrar tu «punto cero», que es el lugar más fértil de ti mismo.

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