Quien es esa vocecita que te aconseja y comenta todo lo que haces?

Tu conciencia? Pepito Grillo? Una monja? Dios? Tu niño interno? Tu sabiduría ancestral? Un pirado? Una dictadora? Un seductor? Un payaso? Una buena amiga? Un loco? Un suicida? Un depresivo?

Cuando tenía veinte años estaba saliendo con un chico y un día le dije que tenía un total de 28 vocecitas en mi cabeza que hablaban contemporáneamente de temas distintos. No lo volví a ver, lo entendí y hoy en día no considero que haya sido una gran perdida para mi vida.

La verdad es que la psique tiene varias instancias/ funciones por eso hay varias voces (¡no son 28 tranqui!) que sostienen, hablan y comentan desde diferentes puntos de vista e intereses.

Por eso y por qué no tenemos mucha cultura de cuidar el auto-dialogo.

Es algo que les digo a prácticamente todos mis clientes: ” Yo creo que no le permitirías a nadie hablarte como tú te hablas.”

Y sé que esto es así por que lo he vivido y lo vivo en primera persona.

Es tremendo lo que me he llegado a decir y lo que he llegado a pensar de mí misma.

Haciendo el trabajo que hago, te puedo asegurar que estoy en muy buena compañía. Cuanto menos somos muchos con la tendencia a hablarnos mal. Ya sabes “mal de muchos, consuelo .. ….”.

Qué hacer?

Ignorarnos?

Ignorarme constantemente es algo chungo y de muy mala educación.

Es como cuando hay un enorme elefante rosa en el medio de la habitación y todos miramos hacía otro lado. Silbando como si nada, como si no tuviéramos nada que ver con este enorme elefante rosa.

Cómo hacemos para cuidar de nuestro dialogo interno?

Todas estas funciones psíquicas tienen un “supervisor” que podemos llamar el “Yo superior”. Es necesario fortalecer, este aspecto que tenemos todos, es un aspecto más sabio de mi misma.

Jaume, mi maestro, llamaba este proceso “muscular el alma”.

Bien. ¿Cómo se hace?

Hay varias maneras de trabajar en este sentido, demasiadas para que quepan en este mail. Además cada persona tiene su propia puerta de entrada y su manera especifica de hacerlo.

Obviando esto.

La puerta más grande y más efectiva es el silencio, la meditación.

Aprender a desapegarse de todos los pequeños chismorreos, la tribulaciones, las pasiones de la vida mundana y abrirse a lo espiritual.

Lo espiritual no es religión. Contemplar en silencio una flor, un puesta de sol, el mar o un animal puede ser actos espirituales.

Hoy  en La Contra de LaVanguardia entrevistan el señor MicheLe Van Quyen, es un neuro-cientifico francés nos cuenta que el silencio y el contacto introspectivo con la naturales facilitan la secreción de dopamina, la famosísima hormona de la felicidad.

También afirma que sesiones diarias de respiración profunda bajan la presión arterial, desacelera la frecuencia cardiaca baja el nivel de cortisol y refuerza el sistema inmunitario.

Que maravilla!

Por qué no lo hacemos todos?

El señor Van Quyen nos cuenta que hicieron un experimento en el cual se pidió a los participantes estar 15 minutos sin hacer nada, la única posibilidad de distracción era darse descargas eléctricas.

El 67% de los hombres y el 25% de las mujeres prefirieron darse descargas eléctricas a no hacer nada.

Yo flipo con los resultados de este experimento.

Si quieres “muscular tu alma” esto te interesa … & Gestalt