Ayer mi hermana me dijo: «no hay nada más profundo que cuidar tu superficie». Me pareció una frase que toca un concepto genial. En esta última década, me he ocupado de bucear las profundidades de mi alma, de mi persona, y había dejado de lado la superficie. Mi apariencia. 

Todo esto nace de un video donde me presento y hablo de mi historia. Es un nuevo proyecto que llevo en marcha unos meses. Los comentarios de mis amigos y familiares han sido muy amables, me han dado fuerza y ganas de seguir. Con todo, no he podido obviar unos cuantos comentarios del tipo: «con este pelo pareces una monja» o «ponte corrector para las ojeras».

Aunque tenga cada vez más interés hacia la actitud: «me la suda»; este video ya está hecho y así se va a publicar, el comentario de mi hermana me ha hecho reflexionar. ¿Cómo es que no cuido casi nada mi aspecto exterior?  Y reflexionando, reflexionando, me he dado cuenta de que hace años, más de diez, utilizaba la rutina de belleza para cuidarme. Era una manera de estar conmigo y cuidar mi cuerpo: mi envoltorio, que es mi contacto con este plano de la realidad. No era solo una manera de parecer más guapa, era una manera de conectar conmigo y cuidarme. 

Lo perdí. 

En la jungla de la vida, luchando por la supervivencia y en el viaje interior que inicié, se me olvidó que todas las diosas tenían en los «baños» y en el cuidado del cuerpo un momento sagrado de su vida. 

Digo «todas las diosas», pero no tengo claro que todas lo hicieran. La que me consta que persiguió más de un hombre por haberla interrumpido en sus baños era Artemisia, diosa de la caza y de los bosques. La entiendo, yo tampoco toleraría que se me interrumpiese en un momento tan íntimo y sagrado. 

Llevo años sin apenas acudir a estos momentos de conexión sagrada conmigo misma. 

Si en la vida hay que ser fuertes y cazar, qué menos que honrar a mi diosa interior con un buen baño, con aceites perfumados y… por qué no algún buen masaje de vez en cuando. Y si no me puedo permitir económicamente ir a un Spa o seguir tratamientos de belleza (que es una buena excusa para la mayoría de nosotras), ¿qué tal algo más home made? No hace falta mucho dinero para tomar un rato del día a día; para sentarte delante de un espejo, mirarte a los ojos, conectar de corazón con lo que vas a hacer, extender una crema sobre la cara y luego en las manos. 

Aprovechar este sencillo gesto para darte un masaje y hablar contigo, no para criticar tu aspecto o murmurar: «La piel está cayendo irremediablemente», «qué fea soy», o «ya soy vieja».

Por lo general, las mujeres que conozco se hablan así a sí mismas. 

 ¿Tú crees que una diosa que persigue hombres si la interrumpen en su intimidad, se hablaría así? Yo creo que no.

Yo creo que esta diosa reconocería las cicatrices de sus batallas y cacerías y las cuidaría con amor y agradecimiento por haber sobrevivido a muchas. Muchas experiencias a veces cotidianas, a veces extraordinarias.

Precisamente para celebrar estas experiencias extraordinarias, he grabado este video sobre mi historia.

Si quieres, puedo acompañarte para un proceso terapéutico.

Recibe mi abrazo, disfruta del fin de semana y del video.

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